Kapok: toda la nobleza de una fibra natural
Hipoalergénico, suave, liviano e impermeable, el kapok es un material de increíbles cualidades que brindan una amortiguación sin igual a productos como los zafu o zafutones.
Publicado el 09 de marzo de 2011
Tags: Meditación | Reportaje
Los antiguos monjes orientales lo sabían. Los mayas también. Incluso en algunos pueblos originarios del Cono Sur. Todos ellos conocieron desde tiempos lejanos las bondades de la Ceiba, un frondoso y hermoso árbol desde cuyos frutos se extrae el kapok, una fibra de tal nobleza que sus usos son famosos en la industria a nivel mundial.
Dicha añosa veneración se debe a que son muy pocas las fibras naturales que logran tan diversas y destacadas cualidades.
Intentando resumir, el kapok es 8 veces más ligero que el algodón, 5 veces más flotante y repele efectivamente la humedad -alejando así hongos y el moho-; es hipoalergénico, gracias a que es inmune a los ácaros del polvo –y así, no necesita lavado- y es resistente a la putrefacción.
Gracias a estas bondades, el kapok es usado en la industria para la fabricación de salvavidas, colchones, productos impermeables, tapicerías y muñecos.
Para la meditación
En oriente, por su parte, monjes y sacerdotes que practicaban largas sesiones de meditación requerían cojines que les permitiera permanecer cómodos tras extensas horas sentados.
Así descubrieron que el kapok tiene una excelente amortiguación y durabilidad.
Por ello, hace siglos sus zafu –cojines para meditación- son elaborados con relleno de kapok.
En la meditación, el zafu debe elevar las caderas permitiendo una postura más recta y columna erguida. Por eso la necesidad de contar con un cojín firme y con excelente amortiguación.
Un producto ecológico
En estos días, donde las energías limpias cobra una especial importancia, el kapok tiene algo que decir.
Esto porque su proceso de producción es completamente limpio, dado que no requiere fertilizantes y se nutre de agua y energía a través de la humedad del medio ambiente.
Su cosecha es además, un trabajo laborioso, donde campesinos deben extraer manualmente la fibra desde las vainas.
El kapok se convierte así en un regalo de la naturaleza para el hombre y su conexión con el mundo trascendental.